Degustar un vino en una copa adecuada puede aumentar considerablemente el grado de satisfacción que proporcione ese vino. La forma de la copa ejercerá una influencia determinante en el sabor que presente el vino en la boca. Debemos elegir una copa que vaya disminuyendo su diámetro en la parte superior, para que el vino pueda desplegar sus aromas. Y para  apreciar el color, elegiremos una copa de cristal lo más fino posible, liso y transparente.

Hoy en día existe un tipo de copa para cada tipo de vino para dirigir el flujo de líquido a una determinada parte de la lengua y exaltar así sus cualidades.

Copa de vino tinto
Esta copa tulipa tiene una capacidad de 6 onzas aproximadamente y debemos servirla  hasta dos tercios de su capacidad. Su forma es ligeramente alargada y suavemente esférica, en forma de tulipán; de ahí su nombre. El borde interior se curva ligeramente hacia el interior. Presenta un tallo suficientemente largo como para poder sujetarla sin calentar el vino con la mano. El vino tinto debe servirse en el momento que se sirve el plato principal y a una temperatura ambiente (18°C a 21°C).

Copa vino tinto

Copa de vino blanco
Los blancos requieren una copa de tulipa más ancha en la base y algo más chata que en el caso de los tintos, su tamaño aproximado es de 5 onzas y debemos servir un poco menos que dos tercias de la copa. No debe ser excesivamente alta, pero sí tener una boca amplia, que permita expander bien y oler los aromas del vino. Esta copa puede servirse cuando los invitados se sientan a la mesa y el vino blanco ya ha sido enfriado (no menos de 6°C).  

Copa de vino Blanco

Foto: Iskia, PrincessHouse.

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